En un nuevo ataque a Eternal Flame, los días 3, 4 y 5 de agosto, en los que ascendieron hasta los 6.000 metros, Iker y Eneko Pou conseguían trazar la durante tantos años perseguida alternativa al largo de artificial (A1) de Eternal Flame.
Etapa Asiática
La etapa asiática de su ambicioso proyecto “7 Paredes – 7 Continentes” les ha llevado hasta las Torres del Trango, en Pakistán. Estas montañas siempre han sido la Meca de los escaladores de grandes paredes, igual que lo han sido las montañas de 8.000 metros para los alpinistas.
La “ruta eslovena” elegida por los hermanos Pou son 1.100 metros de escalada, cuya complejidad no radica sólo en la dificultad de la pared (7b de media), sino también en los problemas que implica el Himalaya: altitud, frío y el desgaste que conlleva arrastrar hasta la pared todo el material logístico.
“Toda la escalada estuvo marcada por el frío y el mal tiempo”, cuenta Eneko. “Oscilábamos entre los -10 º y los 0º, con nieve y pocas horas de sol. Unas condiciones durísimas para la escalada, por la ropa de abrigo con la que has de trepar y todo el material que tienes que subir por la pared”.
Además está la altitud, porque los 1.100 metros de desnivel han de realizarse a partir de 6.000 metros de altura. El aire empobrecido a esa altitud conlleva dolores de cabeza, mal de altura y aumenta notablemente la fatiga.
Una escalada marcada por el desgaste
Los hermanos Pou tuvieron que permanecer hasta cinco días colgados de la pared, escalando por una gran fisura granítica. “Decidimos atacar la cumbre sin hamacas, para aligerar peso, porque el desgaste de arrastrar mucho material por la pared era enorme”, explica Iker. “Esto nos obligó a pernoctar en muchos vivacs (con el sólo abrigo del saco de dormir) en condiciones muy extremas”.
Tras tres días de ascensión continuada por los 35 tramos de escalada, la cuarta jornada atacaron la cumbre. Lograron resolver en libre los cuatro tramos que nunca habían completado las cordadas anteriores. Para ello, escogieron una variante paralela a las vías establecidas bautizada como “Pou Brothers Variant” que les permitió completar la pared sin agarres artificiales. “Como ascendíamos por una gran fisura, nos vimos obligados a realizar un par de reposos en uno de los tramos, porque el agua nos caía de modo torrencial”, explica contrariado Iker”.
“Tras la zona de escalada pura, teníamos que completar una zona de mixto, con ascensión en nieve y escalada en hielo con piolets. Hicimos cumbre ya muy tarde, en torno a las 17.00 horas.”, relata Eneko. “Llegar a la cima fue uno de los momentos más emocionantes de nuestra vida sin lugar a dudas”. Pero apenas tuvieron tiempo de disfrutarlo, porque el desgaste y las pocas horas de sol restantes les obligaron a descender a la carrera. “Una tormenta de nieve nos sepultó en un par de ocasiones en el vivac de vuelta, y tuvimos que bajar in extremis en plena noche rapelando con las cuerdas congeladas”, desvela Iker, el hermano menor.
Un lugar en la historia
Sólo algunos elegidos habían logrado coronar la codiciada Torre sin Nombre en escalada libre por alguna de sus rutas. Es el caso de la cordada alemana liderada por el mítico Wolfgang Gullich en 1989, o el grupo internacional de los más potentes escaladores del momento, como Jim Bridwell o Jeff Lowe, que apoyaron la ascensión en libre de la francesa Catherine Destivelle.Ninguno de los dos equipos consiguió completar totalmente en libre la que quizá sea una de las agujas de granito más estéticas que se conocen. Lo que convierte la ascensión de Eneko e Iker, 16 años después, en una de las más importantes hasta el momento. Supone completar una variante de dificultad en torno a 8ª, pero a más de 6.000 metros de altura. Nunca se había escalado esa dificultad a esa altura.
“Para nosotros, supone algo muy importante, porque es uno de los objetivos más difíciles del Himalaya, englobando también ochomiles”, afirma Eneko Pou. “Cualquier ascensión a un ochomil de la zona por rutas normales, de la que nos llegan imágenes por la tele, puede tener fácilmente 1.000 ó 1.500 repeticiones. Mientras que esta pared apenas cuenta con repeticiones y somos los primeros que la completan en libre”.
La imponente Torre del Trango, a casi 7.000 m. de altitud.